Frutos del buen ejemplo
Los niños escuchan múltiples mensajes, pero miran el ejemplo de papá y mamá. Ellos son un reflejo de sus familias. Es verdad que la familia no es el único contexto que educa en valores, pero ¿Quién puede negar el peso del testimonio que el entorno familiar tiene como primer escuela de valores para los niños? Si alli el niño recibe cariño, será un niño cariñoso; si encuentra paz, será un niño pacifico; si vivencia la fe, será un niño creyente; si encuentra ayuda y comprensión será un niño que enfrentará la vida con optimismo y firmeza…
Los valores de la familia (unión matrimonial entre un hombre y una mujer y los hijos) marcan profundamente la vida de un niño y lo introduce en el mundo de los valores. Así, por ejemplo, la generosidad los niños aprenden constatando siempre la gran disponibilidad de la mamá. La alegría aprenden de las sonrisas dibujadas en los rostros serenos y felices de quienes los rodean. Cuando descubren cómo el padre y la madre se respetan y reparten las tareas de la casa aprende la justicia… Y cuando ven coherencia entre lo que dicen y hacen sus padres aprenden que es tener una conducta ética y responsable.
Por esto y mucho más, lo que se siembra dentro del hogar y en el entorno familiar resulta un valor extraordinario y, muchas veces, decisivo para el resto de la vida de una persona. Es importante, entonces, que la familia ame mucho a sus niños y le den la atención que se merecen. Si obran asi tendrán hijos felices, personas maduras, sanas, creyentes y con valores… Que lindo es cuando los padres toman conciencia del milagro maravilloso que se realiza ante sus ojos: el ingreso en el mundo de los valores de un ser que mañana podrá vivir feliz y tener su familia como lo fue la de él, gracias a unos padres que se amaban y que lo amaban.